Cuadernos

de Educación

Publicación Trimestral Gratuita 185N 0719-0271

Contenido

Verdad, Justicia y Memoria en Chile

Editorial

Informe Valech Relato, Trauma y Memoria

Patricio Gutiérrez Donoso Prólogo a una Biografía de Marx

Osvaldo Fernández Díaz

Tres trayectos, tres libros

Osvaldo Fernández Díaz

SOMOS

Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una reflexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros colegas han estado preocupados por una problemática similar, y han elaborado trabajos al respecto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este sea el embrión de una futura discusión que no dudamos será enriquecida gracias al debate. Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusiasmo y espíritu crítico el quehacer universitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

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Grupo de Reflexión Fernando Ortiz Letelier

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Verdad, Justicia y Memoria en Chile

EDITORIAL ( CdE ) N*54

En Chile, en septiembre florece la primavera e irrumpe la memoria. Esa memoria tan presente, tan latente, que nos lleva a recordar y nos muestra que aun hoy en día existe un hilo conductor de represión que sigue desgarrando y ejerciendo su violencia. Nuestra herencia dictatorial continua violando los Derechos Humanos hacia el otro y el otro son todos aquellos que no representan a la oligarquía plutocrática de nuestro país. Sin embargo, la memoria se desplaza por diferentes pliegues recordando e impulsando que la Verdad y la Justicia es una demanda permanente de nuestro pueblo.

Los aparatos represivos no han dejado de ejercer su poder, “El cóndor sigue volando; Carabineros de Chile, vuelve a recordamos los peores años de la represión en la dictadura cívico militar, represión, muerte, encubrimientos, muestran los grados de impunidad que siguen presentes. En cada expresión popular, en cada movilización o marcha, nuestra policía deja su huella, su marca, su herencia.

Cada 11 se septiembre, donde se conmemora el Golpe de Estado y el horror de la Dictadura, nos recuerdan la impunidad y violaciones a los Derechos Humanos perpetradas por el Estado durante la dictadura cívico-militar, la revuelta social de los últimos dos años viene a ratificar su actuar.

Nuestra memoria obstinada”, lucha contra la impunidad de la hegemonía dominante, las diversas organizaciones de la sociedad civil durante décadas se han organizado para abordar las violaciones a los Derechos Humanos, con su lucha el Estado se ha visto en la obligación de asumir su responsabilidad de reparación y justicia frente a las violaciones graves y

sistemáticas de Derechos Humanos implementado comisiones de verdad, justicia y reparaciones, proceso que no han sido suficiente y perdura todavía un manto de impunidad en nuestra sociedad.

En Chile y en América Latina se viven tiempos difíciles, la historia de la construcción de la memoria, la verdad y la justicia no es distinta. En los últimos años asistimos al negacionismo del terrorismo de Estado por parte de diferentes miembros de este, se suma a los nuevos tiempos de crisis el avance de un fascismo de nuevo tipo que ha permitido que la extrema derecha participe en elecciones populares ganado espacios en la sociedad. Proceso que ha significado que los mismos aparatos represivos, que no han sido ni reformamos ni intervenidos utilicen prácticas represivas parecidas a las utilizadas durante los periodos dictatoriales?, generando discurso de apoyo de dichos sectores donde “el orden portaliano vuelve a imponerse”.

La condena de organismos internacionales sobre violaciones de Derechos Humanos, la represión y la muerte que ha ejercido el Estado a través de las fuerzas del orden en el contexto de las movilizaciones desarrolladas a partir del 18 de octubre de 2019 en Santiago y el 19 de octubre en todo Chile, no son mas que la muestra de una larga herencia represiva contra el pueblo. Sus principales ejecutores han minimizado el ejercicio de la violencia y las muertes por el Estado a través de su brazo represivo, Carabineros de Chile. Aún están en prisión preventiva muchos jóvenes que ejercieron su derecho a manifestación. Lógica de una elite que no ha perdido un centímetro de su privilegios de seguir explotando a la sociedad chilena.

Es nuestro deber no dejar en la impunidad los crímenes contra la Humanidad producidos en el llamado estallido social. Debemos bogar por justicia y verdad, para que no se sumen al olvido de las victimas de la Dictadura Cívico militar chilena que siguen en búsqueda de verdad y justicia. Por toda la verdad, por toda la justicia.

1 Chile, la memoria obstinada es un filme de género documental chileno publicado en 1997 y dirigido por Patricio Guzmán.

2 Si bien los crímenes de la Dictadura en Chile han sido en alguna medida juzgados, las fuerzas armadas y de orden no han sido intervenidas por la civilidad para orientar el trabajo y la formación en derechos humanos

Informe Valech Relato, Trauma y Memoria

[..] embarazada de cinco meses, fui detenida y hecha prisionera. Estuve un mes y medio incomunicada en la Cárcel del Buen Pastor, y sometida en el Regimiento Arica a vejámenes y torturas, entre las cuales debo, como denuncia, mencionar: [...] instada a tener relaciones sexuales con la promesa de una pronta liberación; obligada a desvestirme, acariciada en los pechos y amenazada de recibir las visitas nocturnas del interrogador; golpes de electricidad en la espalda, vagina y ano; uñas de las manos y pies fueron arrancadas, golpeada en varias ocasiones con bastones de plástico y con culatas de rifles en el cuello; simulacro de fusilamiento, no me mataron pero debí escuchar como las balas silbaban a mi alrededor; obligada a tomar e ingerir medicinas; inyectada en la vena con pentotal, bajo la severa advertencia que sería hipnotizada como único medio de declarar la verdad; colocada en el suelo con las piernas abiertas, ratones y arañas fueron instaladas y dispuestos en la vagina y ano, sentía que era mordida, despertaba en mi propia sangre; se obligó a dos médicos prisioneros a sostener relaciones sexuales conmigo, ambos se negaron, los tres fuimos golpeados simultáneamente en forma antinatura; conducida a lugares donde era violada incontables y repetidas veces, ocasiones en que debía tragarme el semen de los victimarios, o era rociada con sus eyaculaciones en la cara o resto del cuerpo; obligada a comer excrementos mientras era

Patricio Gutiérrez Donoso!

golpeada y pateada en el cuello, cabeza y cintura; recibí innumerables golpes de electricidad [...].2

El periodo de la dictadura cívico/militar de Chile 1973-1990, marca una profunda transformación en la sociedad chilena, contrarrevolución que tiene sus efectos siguen presionando nuestro presente. Proceso que es asumido por las FFAA y la elite chilena como un periodo de refundación nacional. La “politiquería” nos había llevado al caos y la crisis, por ende, había que extirpar los males de la sociedad y en particular el “cáncer marxista”? expresiones discursivas que difundían los aparatos del terror. Mirada que degradaba al ser humano buscando la justificación al actuar represor, política que negaba los derechos fundamentales de los ciudadanos, donde las violaciones de los Derechos Humanas es la huella profunda de su herencia.

Es en la perspectiva de las Políticas de prisión, tortura y desapariciones, que heredamos de la dictadura militar triunfante, por las cuales se fijaran los marcos de referencias y discusiones en relación con las FFAA y los sectores conservadores de la sociedad civil que apoyaron el Golpe de Estado, son el marco donde se darán las discusiones más tensas de la llamada

“transición chilena” sobre el pasado reciente, discusiones cargadas de tensiones, por el uso del pasado y que colocaba a los actores en quienes justificaban el actuar de la dictadura y quien siguen buscando verdad y justicia.

Es así que una vez desplazados los militares del gobierno, el proceso de “transición” iniciado en 1990 por los Gobiernos de la Concertación de Partidos Políticos por la Democracia, se aportaron a responder a las demandas sociales postergadas con el objetivo de restituir un mínimo de equidad social que las políticas neoliberales habían provocados, pero también la restitución de los derechos ciudadanos y la demanda de justicia y verdad que habían impulsado los familiares de detenidos desaparecidos y sus diferentes agrupaciones de presos políticos y exiliados. Desde ahí surge la necesidad de recuperar, más bien, de visualizar la memoria de ese pasado reciente negado desde el poder, proceso que abre un camino de disputa sobre ese pasado reciente que se quería cerrar y olvidar por los sujetos que pactaron la “transición chilena”, apostando a una “reconciliación nacional” y el “perdón” como componente de la reconciliación en pos de “mirar al futuro” dejando la verdad y la justicia en el cajón del olvido.

A pesar de las tensiones sobre el pasado reciente, el Estado iniciaba políticas para esclarecer el proceso y sentar las bases por las cuales se produjeron las violaciones a los Derechos Humanos, creando la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación.* La Comisión genera el Informe Rettig * en 1991, que inicia un proceso de reconocimiento de las violaciones de los Derechos Humanos, instaurando un inicio de verdad sobre lo ocurrido en la Dictadura Militar, sentando un precedente de reconocimiento de las demandas que las familiares y víctimas de las violaciones de los derechos humanos venían impulsando desde la década anterior, bregando por verdad y justicia.

El segundo informe en esta misma línea, es denominado Informe Valech (2004) se realiza 14 años después reconociendo las atrocidades de la prisión y las torturas generadas por la Dictadura Militar.

Los Informes pertenecen al marco de la comisiones de Verdad y Reconciliación, y

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están constituidos por hombres “probos” reconocidos públicamente, ambos informes toman el nombre de los presidentes de cada comisión; Raúl Rettig, un destacado político radical republicano del siglo XX y Sergio Valech, sacerdote que presidía la Vicaria de la Solidaridad, organización católica creada por el Cardenal Silva Henríquez para socorrer a los perseguidos y torturados en la dictadura.

Desde esta perspectiva revisar la trama del pasado reciente propuesta por el Informe Valech y los posibles efectos que ha traído sobre la sociedad chilena actual, en términos de las disposiciones éticas y políticas no dejan de llamar la atención que todavía se siguen violando los Derechos Humanos pese a nuestro pasado reciente, entonces ¿Cómo pensar el Informe Valech y su contenido narrativo de Memoria, trauma y Terror para el análisis histórico de ese pasado reciente?

En esta perspectiva las violaciones a los Derechos Humanos y la gestación de los Informes Rettig y Valech no se pueden aislar del proceso histórico que inicia un nuevo ciclo con el Golpe de Estado de 1973. * Teniendo presente esta mirada histórica de un ciclo mas largo, se puede señalar que es a partir del periodo 1990-2004, con el inicio de la democracia, en donde se despliega las discusiones más intensas de este proceso, a saber, ellos son la difusión del informe Rettig 1991, la detención en Londres del dictador Augusto Pinochet 1998, la Mesa de Dialogo 2000, la conmemoración de los 30 años del Golpe de Estado 2003 y la difusión del Informe elaborado por la Comisión contra la Prisión y la Tortura presidido por el sacerdote Sergio Valech 2004, dinámicas que dan el contexto en la demanda de establecer una memoria y una verdad histórica sobre el pasado reciente.”

Es así, que el Informe Valech como reconstrucción en disputa del paso histórico reciente y como Documento de la comisión de la Verdad, forma parte de un conjunto de acciones y discusiones políticas llevadas a cabo en Chile en los contextos de “Transición de la Democracia” iniciados en 1990. Los Informes otorgaron relevancia pública a las violaciones de los Derechos Humanos efectuados entre los chilenos, la ciudadanía

quebrantada, la consideración de la convivencia publica como espacio justo compartido que demandan una memoria colectiva común sobre el pasado reciente, se convierten en espacios en disputa que se juegan a la hora de establecer un Informe que emana de los organismos del Estado y que asume una “verdad” oficial con todo lo que eso significa e implica a la hora de pensar la reconstrucción histórica.

La “transición chilena” en este sentido constituyen paradojalmente un estado de excepción en la convivencia publica en tanto deben procurar en un tiempo reducido, justicia en términos ampliaos, teniendo que lidiar con las cargas políticas institucionales que ha dejado el pasado reciente. Entre ellas podemos nombrar las prácticas de la violencia a los Derechos Humanos como algo necesario, una estructura burocrática aun fiel al régimen militar que obstaculiza la democratización del Estado, Fuerzas Armadas y del Orden que asumen como victoriosa y patriótica su actuar, sumado que no se puede dejar de nombrar un significativo apoyo ciudadano al régimen de Pinochet.

Desde ahí es que Jorge Vergara Estévez denominara al proceso chileno y su institucionalidad que se iniciaba en 1990 como pos-dictadura u orden neo-oligárquico, una democracia tutelada aludiendo al diseño constitucional y los enclaves autoritarios que dejo la dictadura.? Por su parte Luis Corvalán Marquéz, sostiene que el proceso de “Transición”, que todos los analistas atribuyen con el inicio del periodo de 1990 en adelante como análisis histórico y político, no ven el proceso en su conjunto, como parte de un ciclo más largo, donde el proceso de transición se genera en la dictadura militar en la década de 1980-1990, como espacio temporal de un tipo de Estado a otro, y no desde 1990 en adelante como sostienen la mayoría de los análisis.? Por ende, dicho Proceso marcará el actuar político institucional de los años noventa, reforzando la tesis de la democracia pactada y tutelada de los Gobiernos de la Concertación con respecto a los anclajes autoritarios. Itinerario no menor a la hora de enfrentar el pasado reciente.

Herencia que genera un proceso complejo, llenos de tensiones institucionales mostrando una democracia frágil y un temor

no menor de la clase política para afirmar la incipiente institucionalidad, que debía restituir una ciudadanía que proyectara un futuro compartido. Es en esta encrucijada que las políticas de la Transición abren un periodo “refundacional” que persiguen reconstituir el orden político moral dañados por 17 años de dictadura. Desde este horizonte las interrogantes surgen en torno a las miradas que nos unen, sobre aquellas que nos separan, he ahí la comprensión de los diferentes discursos en la opinión pública que rondan en torno al perdón y la reconciliación de los años iniciales de la democracia y no de Justicia y Verdad.

Hay que señalar también que el problema de la violencia política? que envuelve el análisis del periodo dictatorial no deja de ser en si mismo un tema complejo a la hora de abordar procesos de comprensión histórica y que jugaran como telón de fondo en los argumentos a la hora de generan un “contexto” de comprensión de la dictadura militar y del pasado reciente, para poder iniciar procesos que esclarezca las responsabilidades en la violación de los Derechos Humanos, tema que no desarrollaremos pero si es un elemento que no se puede dejar de lado a la hora de comprender el periodo.

El marco histórico descrito va a jugar un papel importante a la hora de comprender el pasado reciente, es en esta perspectiva, que una mira para acercarse a los informes de Verdad y Reconciliación no pueden pasar por alto los relatos del terror y a su vez el trauma como un problema profundo a la hora de enfrentar el informe Valech en particular. Para dicha revisión, en términos generales, las reflexiones formuladas por Dominick LaCapra,' las estimo pertinentes por concentrarse en los efectos de un acontecimiento traumático (el Holocausto en su caso) como inicio de potenciar una discusión.

Primero relevaré algunos tópicos del trabajo de LaCapra para luego poner a prueba su utilidad para pensar el informe Valech.

LaCapra organiza su reflexión en torno a una pregunta central: ¿Qué hacer con el trauma causado por un acontecimiento traumático?

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Pero ¿Qué es un acontecimiento traumático? Y ¿Qué trauma es el que provoca este tipo de acontecimientos? Sobre lo primero LaCapra sostiene:

Podemos definir como acontecimiento límite aquel que supera la capacidad imaginativa de concebirlo o anticiparlo. Antes de que ocurriera no fue -acaso no pudo serlo- previsto ni imaginado, y no sabemos a ciencia cierta qué es verosímil o plausible en ese contexto. En todo caso, hubo una resistencia extrema a vislumbrar su posibilidad. De allí que este acontecimiento (o serie de acontecimientos) deba necesariamente ser traumático o traumatizante, y que lo que pide a gritos una explicación sea la no traumatización de quien lo ha experimentado. Incluso después de experimentado, un acontecimiento de esta clase pone a prueba y posiblemente supera la imaginación, incluso la de quienes no lo experimentaron directamente (los que no estuvieron allí). Los hechos pueden superar nuestra facultad imaginativa y hasta parecer increíbles: más harina todavía para el molino de los negativistas o los negadores de estos acontecimientos.??

Según esta perspectiva el acontecimiento traumático, o límite, sería aquel que no se vislumbraba como posible a partir de la trama que dotaba de sentido los acontecimientos acaecidos hasta allí, obligando no tan solo a nuevos encadenamientos y al relevamiento de nuevos acontecimientos del pasado hasta ahora desapercibidos, sino a una suspensión de la posibilidad misma del restablecimiento de la trama. Es decir, un acontecimiento que causa una perplejidad que redunda en la impotencia interpretativa. Respecto de lo segundo, el trauma mismo, el autor señala:

El trauma causa una disociación de los afectos y las representaciones: el que lo padece siente, desconcertado, lo que no puede representar o representa anestesiado lo que no puede sentir. Elaborar el trauma implica un esfuerzo por articular o volver a articular los afectos y las representaciones de un modo que tal vez nunca pueda trascender la puesta en acto o el acting out de la disociación que incapacita pero que, en cierta medida, pueda contrarrestarla.*?

LaCapra se ha centrado en la historiografía, 8

el registro literario testimonial, como en las producciones audiovisuales en torno al Holocausto, indagando en los modos de elaboración del trauma. El actig out (puesta en acto, revivencia, repetición o “posesión” por el pasado) y el working through (elaboración) marcan los dos extremos de las posibilidades de hacer con el trauma, con una variedad de dislocaciones intermedias, pues, por ejemplo, no toda elaboración es siempre completa o satisfactoria, podría tener efectos tranquilizantes en el sujeto pero anestesiantes en términos políticos, así como la puesta en acto no es siempre pura insistencia en el trauma, sino también en algún grado es un anclaje identitario del que sería igualmente patológico desprenderse del todo. Esto sin entrar aún en las alternativas de los sujetos que experimentan un trauma secundario, es decir, aquellos sujetos que sin vivir directamente el acontecimiento experimentan síntomas de una traumatización, en este caso “transferida” por los diversos modos de testimonio o registro audiovisual.

El problema en este punto es en qué disposición quedan los individuos en el presente, en términos éticos y políticos, o de otro modo: si están en condiciones o no de reponerse como sujetos. He aquí un dilema el cual apelar en la Transición política, por una parte el consenso y el perdón mesiánico promovido por el primer gobierno de la transición, donde nace el Informe Rettig, centrado el análisis político del trauma, en el carácter mesiánico sacrificial de impronta cristiana, donde la mejor receta para las violaciones de los Derechos Humanos era el perdón y la reconciliación como componente aglutinador de una comunidad dividida, mirar hacia el futuro como horizonte de unidad de esta nueva comunidad dividida por las ideologías del pasado, era todo un llamado implícito de que todos los sujetos son culpables, por ende el trauma se despliega como proceso de culpa individual y responsabilidad colectiva de un pasado que divide y por ende había que olvidar.

Pero ¿cómo construir una comunidad que legitime la unidad o el consenso en una sociedad que no reconoce las diferencias? como señala LaCapra Se podría sostener que la ausencia de fundamentos absolutos o esenciales, entre los cuales está el consenso, no agota el espacio para el

acuerdo ni socava los cimientos sólidos (en contraposición a los absoluto supremos) - para la discusión. Pero no hay que confundir el acuerdo con el consenso total, con un estilo de vida homogéneo. Como evitar la discusión agotadora ni con la exclusión o eliminación de todas las diferencias significativas.?*

La propuesta que vamos desarrollando, es que si bien el informe Valech releva información sobre los sujetos que enfrentaron la prisión y la tortura genera un dispositivo que abre, pero a su vez cierra posibilidades. Abre posibilidades con los testimonios que anuncian lo que sucedió, pero obstruyen la posibilidad de comprensión al quedar atado a la centralidad del relato, relevando el trauma histórico como experiencia personal y no colectiva o social, el relato queda potenciado como dispositivo que bloque la comprensión histórica y la memoria como dispositivo de recuerdo individual ** y no de crítica social.

La bibliografía sobre la memoria** es extensa en cuanto a las diferentes propuestas que plantea sus análisis, problema no menor a la hora de reconstrucción de un pasado traumático, donde desde diferentes experiencias se apela a reivindicar por lo general la propia experiencia social frente a las otras memoria,' sumado a los que algunos autores han denominado como exceso del pasado, una avalancha de testimonios, documentos, libros de historia, programas de televisión, discurso públicos e iniciativas gubernamentales y no gubernamentales, nos hablan de una multiplicidad de argumentos que disputan los horizontes de comprensión del pasado traumático, Enzo Traverso lo denomino como Topolatría.**

Hasta hace poco uno podía entender que por una parte, vivíamos un periodo postraumático, que el recurso al pasado era una exigencia de la justicia (que podía haber una instancia para el perdón, pero jamás para el olvido) y también que a los historiadores les tocaba reescribir la historia contemporánea, ahora “con todos los documentos”. Pero en algún momento la supuesta eficacia política de la memoria fue desactivada: la proliferación mediática de testimonios de la muerte y la torturas dio paso a una mera condena formal sin

condena jurídica y la rescritura de la historia “a todas las voces” abrió paso al descredito de los procedimientos críticos de la historiografía por ser “instrumento del poder'*

Dominick LaCapra, ha llamado la atención -a propósito del llamado caso Goldhagen?”- sobre este tipo de inclinaciones, incluso en el campo historiográfico, pues si bien es entendible la necesidad de mantener a raya los excesos de objetificación y formalización del trabajo de los historiadores al entrar al estudio de fenómenos tan complejos como el Holocausto, nada puede justificar una renuncia al conocimiento como acceso crítico a ese mundo que nos llega por los testimonios. La pura exposición de éstos hace entrar al lector (o público) en una relación afectiva con ellos, tan radical que conlleva la mayor parte de las veces un efecto de “identificación total” con los testimoniantes, ejercicio que hecho por un historiador de profesión no mostraría otra cosa que su “inhabilidad para utilizar pruebas a fin de verificar hipótesis y supuestos”.?

Ahora bien, hay que pensar también críticamente el relato de la tortura y la prisión política que han levantado los abogados de los derechos humanos (centrado en las formas y argumentos de la disciplina del derecho). En este sentido, dicho formas jurídicas de argumentar queda reducido al derecho liberal centrando la culpabilidad individual de los actos que persiguen, proceso que pierde la encarnación del proyecto histórico y cultural que dio inicio a las muertes y desapariciones de los adversarios políticos.

Para el caso chileno las responsabilidades sobre la tortura y desapariciones, son siempre individuales y no institucionales, donde las Instituciones del Estado y sus agentes han jugado un rol central, pero por el contrario no se juzgan a los representantes de las instituciones del Estado, que fueron parte de un plan sistemático de violaciones de los Derechos Humanos.

En esta perspectiva se abren dos líneas de la batalla por la memoria como diría María Angélica Illanes, una que los abogados de derechos humanos separan el hechos de la violencia corporal cometida, respecto del

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proyecto histórico que dichos cuerpos encarnaban, es decir, en términos generales la abolición de la propiedad privada, pero por el otro, a nuestro entender que la violación tortura y olvido es parte del proyecto de restauración neoconservadora del neoliberalismo representado por la derecha chilena e implementado por las Fuerzas Armadas.”

Dinámica que puede saltar de los esquemas del Nunca más o el pedir perdón o justicia y verdad, a una donde lo ocurrido se atribuye a “excesos individuales”. No basta solo la justicia y la verdad en la recuperación del pasado reciente, también es necesario comprender la globalidad de los proyectos políticos que buscaban una sociedad más justa, y a su vez se trata, de romper la inercia de un tiempo presente que se vive como consumo cotidiano sin historicidad. Debe ser un compromiso ciudadano recuperar esa memoria en la cual los sujetos mutilados y desaparecidos encarnaban un proyecto de cambio y no la teatralidad actual donde somos invitados a participar a la democracia sin participar en la dirección del poder.

No hay que olvidar que el informe Valech, no puede ser utilizado como documento de carácter jurídico o probatorios, esto se debe a las condiciones por las cuales se negoció su elaboró. El Informe puede revelar los nombres de los torturadores solo dentro de 50 años, así su contenido asume un carácter de documento testimonial, desplegando relatos del terror de los sujetos, exponiéndolos solo en su faceta de víctimas, por lo demás individual frente a un torturador que cometió un delito y no de la red institucional de un Estado, que tenía un plan sistemático de represión, propuesta que diluye su potencial articulador de nuevas políticas públicas sobre el pasado reciente.

También existe otros elementos fundamentales que se pueden desplegar en este análisis sobre el Informe, a saber, el trauma acciona los dispositivos de la memoria en una dirección particular del relato del terror, dicha entrada de análisis bloquea cualquier tipo de comprensión incluso de la violencia misma. Los argumentos desplegados desde una del terror tiene como contra mirada la argumentación a la no violencia, lo que bloquea también, no pensar el conflicto en

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las sociedades contemporáneas y a su vez los límites de la democracia en procesos de expansión de los derechos sociales. Supuestos implícitos o mecanismo ideológicos que se solapan en el Informe, pero a su vez para evitar las tensiones propias de una sociedad, la solución es construir democracias de bajo impacto, donde cada vez importe menos el pasado.

Todo aquello ha permitido para el caso chileno que siga permaneciendo un alto grado de impunidad, incluso en los casos en los cuales han sido juzgados los violadores de derechos humanos, han sido favorecidos con privilegios carcelarios, sin contar que los militares condenados no son degradados, por ende, siguen manteniendo sus altísimos sueldos por haber “salvado a la Patria”, agravando a un más la ciudadanía que busca verdad y justicia.

Palabras finales

El informe Valech (2004) corresponde a un momento donde los procesos políticos habían tensionado la institucionalidad vigente frente al alero de impunidad que reinaba. Sin desconocer los avances que ello significaba para una sociedad que vivía con una opinión pública que negaba las violaciones de los Derechos Humanos de ese pasado reciente, el Informe es parte de un avance importante, no óbstate, los dispositivos de olvido y negación, sumado a la falta de políticas públicas claras sobre los Derechos Humanos dificultaba crear una sociedad que profundice los valores ALE y restituyera la ciudadanía plena.

El Informe se destaca también por ubicar los testimonios de las víctimas de la prisión política y tortura durante el régimen de Pinochet, colocando en la audiencia pública como un referente que tensiona la reconstrucción de ese pasado reciente, y ofrece una reparación simbólica de la convivencia y la sociedad agredida.

Una perspectiva del Informe que no se ha destaco mucho, tiene relación con el encuentro con esa realidad de violencia del pasado reciente, que se vivía como negación por la imposibilidad de nombrar la experiencia del trauma, lo que dejaba a la memoria de la sociedad, prisionera del miedo

por no poder nombrar el conflicto y las atrocidades. Trauma que convertía y creo sigue convirtiendo ese pasado reciente como un lugar al cual se debe escapar y en el mejor de los casos olvidar.

Se puede reflexionar también, que a pesar del conocimiento actual sobre las violaciones de los Derechos Humanos, la memoria que se construye en la actualidad sobre la dictadura, es una memoria sin sujetos y sin los proyectos políticos colectivos que encarnaban los sujetos reprimidos, es en esta dinámica que el Informe Valech se transforma en un depósito de testimonios individuales cosificado como la experiencia individual de una pasado extraño.

EnzoTraverso siguiendo a Annette Wieviorka señala que la era del testigo que a partir de ahora se ha puesto sobre un pedestal, y que encarna un pasado cuyo recuerdo se prescribe como un deber cívico, es otro signo de la época, en que el testigo se identifica cada vez más con la víctima, y agrega Traverso, que la memoria de este testigo ya no interesa a mucha gente, en épocas de humanitarismo en la que ya no hay vencidos sino simplemente víctimas, esta disimetría del recuerdo, la sacralización de este, indica el anclaje profundo de la memoria colectiva en el presente con su transformaciones y su inversiones paradójicas.”

El pasado traumático nos coloca frente a una constante disputa por ese pasado reciente, el Informe Valech es un paso más en el reconocimiento de dicha batalla, pequeño a los ojos ajenos, de los que todavía buscan verdad y justicia, pero un avance en el camino de reconocer ese pasado, como violador de los Derechos Humanos, disputa no menor por la memoria la justicia y la verdad, cuando el adversario es una dictadura triunfante, el cual no solo tuvo como objetivo destruir los cuerpos que encarnaban un proyecto alternativo, sino también, la dictadura triunfa al generar el olvido de nuestros muertos, logrando en amplios sectores de la población la entronización de los valores neoliberales.?*

Ahora bien, esta visión de Victima en la perspectiva que hemos tratado tiene una perspectiva particular de analizar el pasado reciente, a saber, reconstruir ese pasado solo como víctimas, toma como punto de partida

el trauma como centralidad, bloqueando la posibilidad de comprensión de esos sujetos, que antes que víctimas, muchos de aquellos sujetos eran portadores de proyectos políticos culturales de transformación social. En esta perspectiva analizar en clave de víctima los relatos del informe Valech estrecha la capacidad de comprensión histórica, de un proceso social más amplio y complejo que sigue estando en constante disputa social.?

A su vez los victimarios, es decir los sujetos encargados de la represión, tortura y desaparición de los oponentes se muestran como perpetradores individuales de atrocidades y no como sujetos perteneciente a un proyecto mayor de transformación social, que por vía de la violencia era la única posibilidad de ser implementado, lo que bloquea discutir la instauración de ese modelo político cultural, naturalizando el devenir actual de la sociedad.

Sin embargo no hay que dejar de valorar los informes de Verdad y justicias, puesto que son el primer paso para reconstruir esa ciudadanía quebrantada, Stephan Ruderer, observa con claridad que el establecimiento de la memoria sobre los crímenes humanos es necesario en el “campo de batalla” de las interpretaciones del pasado y que una denominación de la verdad histórica es indispensable para una democratización profunda dentro de la población son fundamentales y sólo una política pública de la memoria, que también sea fomentada de manera presencial, que conscientemente marque la memoria colectiva y cultural a través de la manifestación simbólica, puede superar el silencio traumático y, con esto, colocar a la democracia sobre cimientos sólidos en la formación de la identidad nacional.26 Y no perpetúe el trauma como dispositivo de control social.

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Notas

¡Académico e Investigador del Centro de Estudios del Pensamiento Iberoamericano de la Universidad de Valparaíso Chile. patricio.gutierrez(Vuv.cl

“Mujer, detenida en octubre de 1973. Relato de su reclusión en el Regimiento Arica, La Serena, IV Región: Informe Comisión Nacional sobre la Prisión Política y la Tortura “informe Valech” 2004, p. 243

¿Expresiones comunes del lenguaje de las FFAA difundidas en el periodo dictatorial en los medios de comunicación.

*El 25 de abril de 1990 el Presidente Patricio Aylwin creó la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, cuya misión fue contribuir por primera vez al esclarecimiento global de la verdad sobre las graves violaciones a los derechos humanos cometidos entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990 bajo la dictadura militar. La comisión fue presidida por el jurista y político Raúl Rettig, y por otros nueve importantes representantes de las ciencias sociales y jurídicas del país. Luego de nueve meses de trabajo, el 8 de febrero de 1991 la Comisión entregó al ex Presidente Aylwin el informe que concluye que 2279 personas perdieron la vida en este período, de los cuales 164 los clasifica como víctimas de la violencia política y 2115 de violaciones a los derechos humanos. La Comisión propuso, además, una serie de medidas compensatorias para los familiares de las víctimas. En: http:// www.gob.cl/informe-rettig/

5Cfr. Camacho Padilla Fernando, “Una Memoria Consensuada: El Informe Rettig”, en: Congreso Chileno de Antropología. Colegio de Antropólogos de Chile A. G, San Felipe, 2004. Consultado en: https://

www.aacademica.org/ v.congreso.chileno.de.antropologia/139.pdf

sCfr. Harvey, David, Breve historia del Neoliberalismo, Akal, Madrid, España, 2007.

/Cfr. Rubio Graciela, Memoria, Política y Pedagogía, Lom, Santiago, Chile, 2013, p. 10. Hitos que no analizaremos en profundidad puesto que exceden la propuesta de este trabajo.

“Vergara Estévez Jorge, “el malestar por la democracia en Chile”, en: http:// piensachile.com/2014/01/el-malestar-por-la- democracia-en-chile/

2Cfr. Corvalán Marquéz Luis, Del Anticapitalismo al neoliberalismo en Chile, Sudamericana, Santiago, Chile, 2002.

"“Aróstegui, Julio Ed., Violencia y Política en España, Marcial Pons, Madrid, España 1994, p 36 Aróstegui va integrando elementos que pueden ser significativos a la hora de dar cuenta de una definición de violencia. En esta perspectiva nos dice que “desde el punto de vista del ámbito de presencia de la violencia, civil, colectiva, interna, y dada la naturaleza misma de los conflictos sociales, sólo puede decirse que aparece en el seno de conflictos entre partes iguales (o equiparables) o entre partes desiguales (o no equiparables). La primera puede decirse que representa la violencia social, la segunda la violencia política”. Aquí ya va entregando lineamientos que nos permitirían una clasificación de violencia, en la cual diferencia lo que puede ser social o política, dada sus expresiones y características. En este sentido nos dice “la violencia social enfrenta a las personas, los grupos sociales, las corporaciones o instituciones, las etnias, de tal forma que no puede decirse que haya de antemano una determinación clara de las posibilidades y las capacidades de imposición de alguno de los bandos, porque puede suponerse un cierto equilibrio de potencialidades. La violencia social incluye, y a veces en alto grado, la violencia criminal. Pero hay otro tipo de conflictos en los que los antagonismos tiene situaciones de partida desiguales, medios desiguales y disputan sobre el “orden social”, el “poder”, los “derechos”. Es la violencia que se deriva de los conflictos entre gobernantes y gobernados, entre dominadores y

dominados, entre clases. Es en la violencia política donde uno de los antagonistas tiene, en principio, mejores opciones que el otro. La violencia política es siempre una violencia «vertical», pero que tiene una doble dirección.”

“¡Nos referimos a sus obras traducidas al castellano: Escribir la historia, escribir el trauma, Nueva Visión, Buenos Aires, 2005. Historia en tránsito. Experiencia, identidad, teoría crítica, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2006.

| aCapra, Dominick, “Estudios del trauma: sus críticas y vicisitudes”, en: Historia en tránsito. Experiencia, identidad, teoría crítica, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2006, p. 181.

WLaCapra, Dominick, Escribir la historia, escribir el tauma, Nueva Visión, Buenos Aires, 2005, p. 64.

“Ibídem., p. 81

Cabe recordar que el informe Valech no se dio a conocer los nombres de los torturadores y colaboradores de dicho proceso bloqueando la posibilidad de perseguir penalmente los relatos entregados por las víctimas.

Cfr. Traverso, Enzo, El Pasado Instrucción de Uso Historia Memoria Política, Prometeo, Argentina, Buenos Aires, 2011

"Cfr. Peris Blanes Jaume, La Imposible Voz. Memoria y representación de los campos de concentración en Chile: la posición del

testigo, Cuarto Propio, Chile, Santiago, 2005.

Señala Traverso que la memoria invade hoy el espacio público de las sociedades occidentales: el pasado acompaña al presente y se instala en su imaginario colectivo como una “memoria” poderosamente amplificada por parte de los medios de comunicación, a menudo dirigida por los poderes públicos. Se transforma en una “obsesión conmemorativa” y la valorización, incluso la sacralización de los “lugares de memoria”, engendra una verdadera “topolatría”. Esta memoria sobre abundante y saturada delimita el espacio de ahora en adelante, todo se reduce a hacer memoria. El pasado se transforma en

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memoria colectiva luego de haber sido seleccionado y reinterpretado según las sensibilidades culturales, los dilemas éticos y las conveniencias políticas del presente. Traverso, Enzo, El Pasado Instrucción de..., op. cit., p., 14.

"Aravena Pablo, Memorialismo Historiografía y Política: El consumo del pasado en época sin historia, Escaparate, Chile, 2009, p. 22.

22En 1996 Daniel Jonah Goldhagen publica su tesis doctoral Hitler's Willing Executioners: Ordinary Germans and the Holocaust (Alfred A. Knopf, Nueva York). Se trata de un texto de la responsabilidad de los alemanes comunes y corrientes en los sucesos del nazismo, utilizando para ello una colección de testimonios sustrayendo al extremo su participación como historiador, según su postulado, en vistas a una “fenomenología de la masacre”. Cfr. Moreno Luzón, Javier, El debate Goldhagen: los historiadores, el Holocausto y la identidad nacional alemana en: file:///C:/Users/ Patricio%20Guti%C3%A9rrez/Downloads/ El_debate_Goldhagen_los_historiadores_el%2 0(1).pdf

21 aCapra, Dominick, Escribir la historia, escribir el trauma, Nueva Visión, Buenos Aires, 2005, pp. 117-118.

22Para Illanes ese proyecto pueden mencionar tres rasgos: A), una opción por construir un movimiento social que, desde una gobernabilidad auto-gestionada, se fue constituyendo y legitimando como base real de los partidos que decían representar al ciudadano. B) una opción por comprometer al Estado en una política de desarrollo que contemplase las fuerzas productivas nacionales, asi como el intercambio internacional puesto al servicio de las necesidades ciudadanas y populares, de modo de poner atajo a la proletarización y pauperización masiva. C) una opción popular por la vía política en una línea evolutiva, para lograr una ampliación en la distribución social del poder, hasta alcanzar dicho poder.

Traverso, Enzo, El Pasado Instrucción de..., op. cit., p., 18.

24Cfr. Harvey, David, Breve historia del